[Versión bilingüe]

40 digital channels, 6 traditional channels and they all have made sure that I no longer care about what’s going on. Information overload, they call it. Every morning, when I wake up, I switch on the TV to watch the news: yellow ribbons, fights because of the yellow ribbons, politicians who put ribbons on, politicians who take ribbons off; Franco, Franco did this well, Franco did this wrong, Franco’s exhumation, Franco & Spain, Franco and his importance in our society; and a long long etcetera.

When the civil assaults happened in Catalonia, I watched them with a mélange of horror and fear, sometimes embarrassed, but now, they seem completely normal to me; because they have been shown seven times in the same program, multiplied by all the programs in the chart, in the mornings and in the afternoons. These pieces of news are now new members of my family, just as the plant I have next to me.

At first, Franco’s exhumation seemed to me as a risky and important political movement, now, I don’t care if they do it or not, or why these channels give an opportunity for fascists to be on camera, affirming that the wounds are healed and the dead bodies of men and women should remain in their ditches. This subject is dull and boring to me now, despite the fact that I am profoundly antifascist.

What am I trying to say? Something that we all already know: the era of information overload in which we live has made us totally insensitive to the reality that surrounds us like wars, catastrophes or gender violence. We are completely apathetic, bored and indifferent to important changes in our society like the exhumation of a dictator, the separation of a territory in our country or the continuous killings of women, child and people in wars and in their own homes. In addition, this occurs all over the world, not only in Spain.

What is the solution? I do not have one and I do not want to elucubrate what could we do or not. I only want to describe this reality because many times we are not conscious about it. I was not conscious either until the other day, watching the TV with my family I said: “Switch to another channel, I’ve seen this video already”, as if we were watching YouTube instead of the news. However, in the next channel the same video appeared, only discussed by another host with a totally different hair colour.

I only want to make you, reader, to think about it or, if you have already given this subject some thought, let me know if I am correct.

 

Gonzalo


 

Me dan igual Cataluña, Franco o lo que sea

40 canales de TDT, 6 canales de toda la vida (siete incluyendo el de cada Comunidad Autónoma) y entre todos han conseguido que acabe por darme igual la actualidad. Sobreinformación, o eso me han dicho que se llama. Todas las mañanas, cuando me levanto, pongo la televisión para ver el telediario matutino: lazos, peleas por los lazos, políticos que quitan lazos, políticas que ponen lazos; Franco, qué bien lo hizo Franco, qué mal lo hizo Franco, exhumación de Franco, Franco y España, Franco y su importancia en la sociedad y así un largo etcétera.

Cuando empezaron a sucederse las agresiones en Cataluña las veía con una mezcla de horror y temor, a veces hasta con vergüenza ajena; ahora me son totalmente normales. Cuando te las muestran siete veces en un programa multiplicado por los programas matutinos y los vespertinos, se acaban convirtiendo en un miembro de la familia más, como el ficus que tengo aquí al lado.

La exhumación de Franco me parecía un movimiento político arriesgado y de suma importancia, ahora me da igual si lo dejan, lo sacan o lo reciclan. No quiero abrir el debate de si es importante o no, si se debe hacer o no o por qué las cadenas deciden dar escaparate a fascistas que defienden un régimen totalitario y que claman que las heridas están cerradas y que los muertos y las muertas en las cunetas deben quedarse ahí. Sin embargo, ahora este tema me aburre, me cansa e incluso empieza a darme igual.

¿Qué quiero decir con todo esto? Algo muy trillado, mascado y regurgitado hasta la saciedad: la era de la sobreinformación en la que nos encontramos nos ha vuelto completamente insensibles a todo lo que nos rodea, ya sean catástrofes, violencia machista o guerras. Ya solo sentimos apatía, aburrimiento e indiferencia ante cambios en nuestra sociedad tan importantes como la exhumación de un dictador, la secesión de un territorio de nuestro país o los asesinatos de mujeres, niños y niñas y cualquier otra persona tanto en guerras como en sus propias casas. Y esto no es aplicable solo a España, las consecuencias de la sobreinformación las encontramos en toda sociedad avanzada.

¿Solución? Yo no la tengo y tampoco voy a elucubrar sobre qué podemos hacer o no. Solo quiero describir esta realidad en la que vivimos y de la que no somos conscientes. Yo mismo no era consciente hasta hace un par de días cuando, viendo la televisión con mi familia, solo pude decir «Este video ya lo he visto, poned otra cadena», como si fuese un canal de YouTube; y en la siguiente cadena aparecía el mismo vídeo, pero comentado por un presentador con otro color de pelo.

Solo quiero hacer reflexionar al lector y a la lectora de este artículo o, si tú llegaste ya a esta conclusión, ver si no ando errando como de costumbre.

Gonzalo

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