Describirse a una misma o a uno mismo no es nada fácil. Tendemos a adjudicar a nuestra personalidad una serie de adjetivos que, con el simple hecho de mencionarlos, ya nos cohiben y nos condicionan la perspectiva que tenemos sobre nosotros y nosotras mismas. Desde la infancia comienzan a ponernos etiquetas que se nos quedan grabadas y que no solemos cuestionarnos hasta que, por algún otro motivo, nos paramos a pensar en si son ciertas o no.

Hace días que me ocurre con una en concreto: la creatividad. No sé porque extraña razón esta palabra me traslada a veces a una clase de colegio, en la que se diferencian claramente aquellos niños y niñas, entre las cuales me incluyo, que no consiguieron avanzar más allá del monigote con extremidades de quienes dieron un paso más dando rienda suelta a su talento en el dibujo. Como si la creatividad fuera solo eso. Como si esta cualidad estuviera solo al alcance de pocos y pocas.

Existen ocasiones, al menos en mi caso, en las que manifestamos cierto rechazo a experimentar con nuestras cualidades artísticas o imaginativas. Llevo días queriendo decorar con pinturas esas macetas de tulipanes de Ámsterdam que tan poco favorecedoras resultan a mi intento de patio andaluz.  Me llegan a la mente algunas propuestas que pasan directamente al espacio de mi cerebro destinado a ideas absurdas que rondan por mi cabeza. Ya me estoy imaginando una bola gris de pensamiento al estilo “Inside & Out” con la imagen de mis macetas dentro de un carro, de camino a ser destruidas en a saber dónde. O ese primer capítulo de aquella novela que empiezas a escribir y que cada vez que lees te convence más de lo inútil que es intentarlo.

Constantemente caemos en el error de evaluar la creatividad basándonos en un resultado y no en un proceso. O de equipararla con un talento innato. Creo que a veces es necesario reírse un poco de aquel monigote y trabajar para que la inseguridad no siga venciendo a la creatividad. No digo que la capacidad inventiva esté presente en todas las personas de la misma manera, pero a veces la falta de confianza o de motivación hace que ni siquiera tengamos interés en desarrollarla. Puede que jamás sea capaz de plasmar una gran idea en una novela, de crear la obra de arte más bella del mundo, o puede que quizás sí.

Diariamente llegan a mis oídos, sobretodo en el mundo laboral, advertencias sobre lo importante que es reinventarse, destacar y trabajar en ideas nunca vistas, porque lo común ya abunda. Muy estresante, ¿verdad? Nunca fue fácil enfrentarse a un papel en blanco ni a un futuro incierto. Pero, si tan importante era, ¿por qué nadie lo dijo antes? Me hubiera esforzado más en aquella casa dibujada solo con dos ventanas y un sol sonriente, estoy segura.

Y esto me hace preguntarme cuántas buenas ideas se habrán quedado abandonadas en el tintero y cuantos “te imaginas que… bueno, nada” habrán terminado ocultando esta faceta creativa de nuestra personalidad que no conocíamos. Envidio a aquellas personas que no se ponen límites, que rebosan motivación y cuyas inquietudes las conducen a descubrirse y reinventarse cada día. Y a partir de hoy, trataré de no seguir el ejemplo de aquellas que evitan crear, por miedo a fracasar.

 

Rebeca

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s