Que levante la mano a quien no le invade un sentimiento de nostalgia siempre que un bonito recuerdo del pasado interrumpe en su memoria. A mí, al menos, me ocurre casi siempre. Y, sin embargo, nunca he llegado a entender esa tendencia que tenemos a pensar que todo tiempo pasado siempre fue mejor. We Wave cumple un año y, por eso, hoy es el momento perfecto para hacer una pausa en el camino y explicaros a todas y todos los que nos acompañáis cómo ha sido el último año para este peculiar equipo.

Lanzarse a una nueva aventura, por muy pequeña que sea, siempre es símbolo de nuevas oportunidades. Empezamos en un momento de revuelo, recuerdo el nombre de Trump día tras día en los titulares de las noticias, acababa de empezar su gobierno como presidente de los Estados Unidos. Y, por supuesto, todo lo que eso conlleva, que no es poco. En ese entonces no me paré a reflexionarlo, pero era el contexto perfecto para crear un sitio que se identificaría con la frase: “Writing to make change happen”.

No creo que fuera un momento fácil para decidirse a opinar, ni este año que dejamos a las espaldas, ni posiblemente los que están por venir. Y no precisamente por falta de temática, sino más bien todo lo contrario. Hay tanto de lo que hablar, que paradójicamente se vuelve realmente complicado decidir qué elegir o cómo posicionarse. Tratas de hacerlo de la forma adecuada, intentando que sirva para hacer pensar a alguien al otro lado de la pantalla, y te das cuenta de que, sobretodo, te estas ayudando a ti misma. We Wave nos ha dado la oportunidad de mostraros un pedacito de nuestros pensamientos sobre este caótico mundo, que no son más que el reflejo de una juventud preparada y con ganas de cambiar un poco esta sociedad de la forma más pacifica que existe, mediante las palabras.

Hacer un balance de lo positivo y negativo que ha ocurrido durante estos 365 días no es tarea fácil, pero podemos sacar en claro que continuar aportando nuestro granito de arena y dándole voz a una generación que tiene mucho que decir es, cuanto menos, necesario. Por lo pronto, me quedo con todo lo que he aprendido de mis compañeros y compañeras, de quienes aman la literatura y el arte o de quienes nos intentan mostrar el lado más humano e interesante de la ciencia. Y todo esto, sin olvidarse del respeto, la igualdad y, sobre todo, el sentido común. Cumplir años, evidentemente, es señal de vida. Y en nuestro caso me atrevería a decir que de ganas, también. Ganas de seguir aprendiendo, compartiendo y soplando velas.

 

Rebeca

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