Nunca me habría imaginado que mi llegada a We Wave iba a ser gracias a una cerveza con una buena amistad que me llevé de mi Erasmus en Edimburgo. Ese día nada indicaba nada, era un día normal como cualquier otro: Madrid estaba lleno de gente y el frío era relativo, principios de febrero y yo de vuelta de un país lejano, extasiado por todo lo que vi y aprendí. Cuando bajé del avión que me trajo de vuelta a España desde China, yo solo sabía que iba a ver a una amiga, nada más, eso y que llevaba casi un día de viaje en el cuerpo. Ana, mi Anita, la chica con la que durante muchos meses tuve el placer de convivir y de compartir nuestro amor por la lectura; cerveza en mano me dijo: «¿Quieres colaborar con We Wave?». «¿Qué es eso?», dije yo.

Ahí empezó todo.

Un nuevo proyecto, una manera de dar voz a jóvenes con pensamiento crítico para concienciar, para hacer ver las cosas de otra manera, todo desde una óptica inclusiva y activista; nacido gracias a las marchas feministas que tuvieron lugar por todo el mundo. Sigo sin saber por qué me lo propuso. Sin embargo, no lo dudé. Dije que sí, ¿qué iba a decir?

Ana nos ha dado la oportunidad a muchos y muchas de alzar nuestra voz sobre multitud de temas. Yo no soy un gran teórico feminista, no soy como quienes revientan YouTube viendo vídeos sobre el tema o zampándome libros de tres en tres, pero, al fin y al cabo, soy feminista (o eso trato cada día). No obstante, encontré mi hueco: reseñas de libros, películas, reflexiones sobre la importancia del lenguaje (aún en borrador), algo de política…

Un año después aquí seguimos todos y todas, escribiendo y no cejando en nuestro empeño de que nos oigan (o de que oigan a miles a través de nuestras pequeñas palabras, ¡menuda tarea!). No siempre tendremos las mejores ideas y las musas y los musos no nos visitan cada vez que lo necesitamos, pero aquí seguimos. Tirada tras tirada.

Ahora bien, nada de esto hubiese pasado si no fuese por Ana. Tampoco si no hubiese gente dispuesta a escribir, pero sin una coordinación como la de Ana ninguno de nosotros y de nosotras se hubiese conocido (aunque sea virtualmente) ni habría caminado hacia un proyecto común.

Ana, gracias.

 

Gonzalo

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