El otoño es rutina. Los trajes de baño han vuelto a desaparecer en algún cajón de casa del que probablemente tarden meses en volver a salir. Poco a poco, cada pieza de nuestra vida cotidiana parece ir encajando de nuevo. Los niños y niñas abandonan las calles durante la mañana, el sol empieza a ceder y a regalarnos cada vez menos horas al día, y las revistas ya tienen preparadas las tendencias de corte de pelo que se llevarán esta temporada.

Poco a poco decimos adiós a la despreocupación, al tiempo libre y al “eso es problema del mes que viene”. Esta situación nos obliga a abrirle la puerta a nuevos objetivos, metas y cambios. Convertimos así a septiembre en el mes del amor-odio. Nos ilusionamos cuando vemos marcados en nuestro calendario nuevos proyectos, nos decepcionamos cuando tenemos un futuro incierto, y nos asusta lo desconocido. Cuánta responsabilidad para un solo mes, ¿verdad?

Este sentimiento de incertidumbre me hace recordar el principio de Brooklyn, una novela del escritor irlandés Colm Tóibín que hace poco llegó a mis manos. Su protagonista es Ellys Lacey, una joven de familia humilde que se ve obligada a abandonar su pueblo al sudeste de Irlanda para irse a trabajar a Norteamérica, al barrio neoyorkino de Brooklyn. Aunque esta historia se desarrolla en los años 50, y se centra en narrar las anécdotas de esta chica que emigra al otro lado del mundo, en los primeros capítulos de la novela queda reflejado el miedo a lo desconocido, la tristeza de Ellys al abandonar su zona de confort, y lo perdida que se siente la protagonista ante lo que está por llegar. Una situación a la que la juventud se enfrenta cada día en la actualidad, y unas emociones que, en mayor o menor medida todos y todas experimentamos ante cualquier situación que se escape de nuestra rutina.

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Esto es lo que simboliza para mi septiembre ahora, cuando la vuelta al cole queda un poco atrás, y organizarse con el calendario lectivo y la agenda del curso comienza a estar un poco fuera de lugar. Le hemos atribuido a este noveno mes demasiada responsabilidad, y con ello, a nosotras y nosotros mismos. Lo llaman el “mes de las oportunidades”, y sí, puede que sea hora de ponerse las pilas, de afrontar la llegada del otoño con energía y optimismo, y de plantarle cara a los nuevos proyectos, pero sin ponerle un límite en el calendario, porque estoy segura de que los meses que le siguen también tienen mucho que ofrecernos.

Rebeca.

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2 thoughts on “El mes del amor-odio

  1. ¡Me ha encantado este artículo! Mi profesora de filosofía nos ha mandado un trabajo sobre esta página web, en el que tenemos que escoger uno de los muchos artículos y la verdad es que me parecen todos muy interesantes, ¡enhorabuena por vuestro trabajo!

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