“Aún estás a tiempo”, te dicen. Has dejado pasar esos meses previos que tenías para prepararte para lo que está por llegar y ahora te sientes culpable. Otro año más de propósitos incumplidos, pero no pasa nada, porque hay muchas guías de consejos milagro dispuestas a ayudarte a contrarreloj.

En enero, cuando aún estamos terminándonos de comer el último bocado del roscón de Reyes, la dieta de desintoxicación navideña se convierte en conversación estrella. Marzo y abril pasan a ser los meses recomendados para comenzar esta operación bikini sin prisas, “para que no te pille el toro”. En mayo ya vas con apuro, madre mía, aquí ya se te ha echado el tiempo encima. Pero en junio… ¡ya no hay nada que hacer! Te miras al espejo e identificas en tu cuerpo todos esos propósitos que tu revista de belleza habitual colocó con un número delante en su lista de cosas para perder. Y tú más que perderlas, resulta que las has encontrado todas.

Los titulares de las revistas te estresan, recordándote una y otra vez todo lo que deberías haber hecho pero no hiciste. Te ofrecen alternativas disparatadas –“Luce cuerpazo con dietas radicales en menos de un mes”–, que más que esperanzadoras, resultan frustrantes. Sin embargo pocas nos ofrecen una alternativa para aquellos y aquellas que simplemente tuvimos mejores cosas que hacer que pararnos a pensar cómo nos sentaría el bikini cuando llegase el verano. O para quienes sí lo hicieron, pero por mucha operación que hagan, no cumplirán con los cánones que nos exige esta meta.

La dieta sana y el deporte están más de moda que nunca, por no decir que se han convertido en un estilo de vida. Incentivar a las personas a llevar una vida saludable es algo que nunca estará de más, cuidarse resulta ahora más fácil que nunca, pero no podemos luchar contra nuestro propio cuerpo. El verano, la playa, el mar, las amistades, el tiempo libre: todo esto, que no tiene nada de negativo, debería llenar nuestra mente al pensar en las vacaciones. Sin embargo las estrías, la celulitis, los a veces imaginarios kilos de más o incluso nuestro color de piel quitan protagonismo a todo lo que debería ser positivo.

Es hora de coger el bañador, ponerse las sandalias y empaparse de vida. De sumergirnos en el mar sin complejos, de sentir el sol en nuestra piel, que no es peor que ninguna otra. De lucir felicidad y no cuerpazo. Es momento de querernos tal y como somos. Y tranquilidad, que para esta operación no vais tarde.

Rebeca

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