[Versión bilingüe]

Judging a book by its cover

We live in the age of botox, Instagram, shopaholism, and detox juices. We are obsessed about ours and everybody’s looks. Then, how on earth are we supposed to not judge a book by its cover?

Marketing industr… I mean, publishing houses know this. They know we watch make-up tutorials and buy coffee-table magazines; and that’s why book covers now have to be seriously taken into account. If you join our concern about looks with our permanent state of rush and thumb-scrolling, you can get an idea of how tough it must be to come up with a cover that is visually pleasing and outstanding at the same time.

They can try one of the most common eye-catching methods: using the poster of the film that was based on the particular novel. Surely, the thought of having Keira Knightley’s or Matt Damon’s face on your night table is going to encourage you to buy this one book. Mmm, the tacky poster covers. They can also go the artsy, hipster way: pastel colours and minimalist illustrations. Some of those will for sure end up at the summer recommendations of Elle magazine, since they go wonderfully with next season’s Emilio Pucci swimsuits. They can go monochromatic, metaphorical, neon-y, vintage. They can use the author’s picture or even add gilded edges.   

Whatever they do, they should know (and they do) that it does count. They’ll have more possibilities of selling their book if people like the cover. For better (we pay more attention to designs now) or for worse (we’re becoming more and more superficial by the minute), when buying a book, we don’t only take into consideration its author, its title or the amazing reviews on the back –I mean, who is going to promote their own book with a not-so-great review by the New York Times?–. We may as well accept it: yes, we judge books by their cover, when we go to book shops or when we browse through Amazon; and, by the look of things (haha) this is not going to change any time soon.


 

Juzgar un libro por su portada

Vivimos en la era del botox, Instagram, las compras compulsivas y los zumos detox. Nos obsesionan las apariencias, tanto la nuestra como la del resto. Entonces, ¿cómo no vamos a juzgar los libros por sus portadas?

Las industrias de marketi… digo, las grandes editoriales lo saben. Saben que vemos tutoriales de maquillaje y compramos revistas que quedan bien en nuestro salón. Además, si le sumamos a la preocupación por las apariencias nuestra prisa permanente y la falta de atención que esta conlleva, podemos imaginarnos lo difícil que tiene que ser diseñar una portada que sea a la vez bonita y que destaque entre las demás.

Se puede optar por uno de los métodos más fáciles y atractivos: utilizar el póster de la película basada en la novela correspondiente. No cabe duda de que la idea de tener la cara de Matt Damon o Keira Knightley en nuestra mesita de noche nos va a convencer para que compremos ese libro en concreto. Mmm, esas horteras portadas con pósters de cine. También se puede optar por la forma artística y un poco hipster: utilizar colores pastel e ilustraciones minimalistas. Algunas de estas portadas las encontraremos sin duda en la sección de lecturas recomendadas para el verano de la revista Elle, porque quedan genial al lado de la última colección de bikinis de Emilio Pucci. Se puede elegir la opción monocromática, la metafórica, la neón, la vintage; usar una foto del autor o autora, o incluso añadirle corte dorado al borde de las páginas.

Hagan lo que hagan las editoriales, tienen que saber (y saben) que sí importa. Hay más posibilidades de que un libro se venda si a la gente le gusta la portada. Para bien (ahora le prestamos más atención al diseño y a su proceso) o para mal (nos estamos volviendo cada vez más superficiales), cuando compramos un libro, no solo tenemos en cuenta quién lo ha escrito o su título o las críticas maravillosas que aparecen en la contraportada –a ver, ¿quién iba a poner en su propio libro una reseña en la que el New York Times no dijera solo cosas (muy) buenas?–. Solamente nos queda aceptarlo: sí, juzgamos los libros por sus portadas, ya sea cuando vamos a una librería o cuando echamos un vistazo en Amazon; y, por lo que se ve (jaja) esto no va a cambiar en el futuro próximo.

Ana

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