[Versión bilingüe]

The abduction of Europa

We were brought up in the belief of a free Europe, a Europe without borders, a brotherly Europe, a united Europe, and, before anything else, a ferocious guardian of all the Western values and rights. Who does not remember the talks about being part of the Economic European Community, the ads and all the paraphernalia including pens, tiny flags and many types of merchandising? Who does not remember all our politicians worshipping Europe and promising that Spain would be part of this European macro-organization which would give us benefits, benefits, and more benefits?

In an attempt of getting informed, I opened the web page of a famous journal and read: “The EU signed a deal with Turkey about refugees”. You might think that the EU, the ferocious guardian of the universal rights, has found a solution to that problem called war and its consequences, like the massive incoming of refugees and the impossibility of a good shelter with good conditions and facilities. I, innocent man, thought it would be so. But, then, I kept reading after the heading of the article and I got into the real content. This deal was the opposite to what is expected from that Europe we learned to love and defend: massive deportations of refugees to Turkey. Europe will give shelter to a refuge who enters in Europe legally, if another one who has not entered in a legal way is brought back to Turkey. However, the amount of refugees that will be granted a shelter is such a risible number that it is ridiculous. This is a brief summary of the obscure deal. The refugee has become a form of merchandise, an object, a sale, as all of this canned food we buy in the supermarket: Return two refugees, and get one for free! These people risk their lives in order to flee from a lurking war —a war caused by us— and find a pleasant future for them and their family, but we extradite them.

The Europe without borders HAS borders indeed: in the South we find the Spanish concertinas, tearing rights and people apart, people who try to enter in our dreamed land searching for a better future. In the North we find the immigrants centres in Calais and the British Government demanding more police control to avoid immigration. And now, we also find refugee camps in Greece, Turkey and other countries, with minimum health conditions. These are places where refugees arrive without possibilities of leaving later on. Europe defends the human rights, yes, but only ours, not those of the foreigners.

If you have read this far, I guess you may have noticed that I have switched between the words refugee and immigrant, and I have to make a clarification: no, they are not the same, but, as human beings, they have to be treated in the same way. Unfortunately, about this, Europe has an enormous lack of knowledge. The immigrant is the one who goes from a country to another looking for a job; the refugee, on the other hand, flees from a war. Don’t they have the same rights? This is the reason why I alternate between these words.

And what do the Europeans, the citizens of Europe, do? Stripped of our own nationality for a common European one which forces a Swede to be like an Italian, a British like a Lithuanian. We are outraged. But only a little, not too much: we write tweets, Facebook publications, even opinion articles. We do not take the streets, we do not protest, indeed, our outrage does not last a whole day. Meanwhile, the Europe of the 28 does not represent anybody. The citizens of this Europe do not feel represented by anybody. And what about the refugees? Who will protect them if it is not the citizens? The European institutions —or do I have to say Europeanising?— do not worry about them, they are a nuisance. And we, Europeans, we are in our bubble where our reality is not the war, we only remember this far off war caused by our own organisations when we are directly involved. When a terrible terrorist act such as the attack to a European capital or the arrival of a boy’s dead body to our shores. This is when we remember this distant war, and its people who, day after day, suffer from these terrible and brutal acts.

Where is the Europe we were told about when we were younger, when our mouldable minds embraced it as a guardian of peace and security? I will tell you: it is buried alongside the rights that Europe itself buried. Europe, a walking dead that, little by little, is burying itself up. This Europe, as the one in the Greek myth, was abducted too; but not by Zeus, it was abducted by the big monetary institutions, whose only gift was insensibility before the human condition. By the way, do you remember the boy’s name?


El rapto de Europa

Nos educaron en la creencia de una Europa libre, sin fronteras, fraternal, unitaria y, ante todo, una veladora omnipotente de todos los valores y derechos por los que nos regimos en el mundo occidental. ¿Quién no recuerda aquellas charlas sobre ser parte de la Comunidad Económica Europea, la publicidad y demás parafernalia acompañada de banderitas, bolígrafos y otras formas de merchandising? ¿Quién no recuerda a toda nuestra clase política alabando a Europa y la adhesión de España a esa gran macro-organización paneuropea que nos iba a traer beneficios, beneficios y más beneficios?

En un intento de informarme, abrí la web de un conocido diario y leí: «La Unión Europea firma un acuerdo con Turquía en materia de refugiados». Cabría pensar que la UE, la guardiana de los derechos universales, había dado un paso al frente para poder solucionar ese problema llamado guerra y sus consecuencias, como la llegada masiva de personas refugiadas y la imposibilidad de poder acogerlas a todas en buenas condiciones. Yo, inocente, lo creí así. Hasta que pasé del titular y me sumergí en la información. El acuerdo en cuestión es todo lo contrario que cabría esperar de aquella Europa que nos enseñaron a querer y a defender: deportaciones masivas de personas refugiadas de vuelta a Turquía. Por cada refugiado o refugiada que llegase de manera ilegal a Europa y que se llevasen (porque lo hacen) de vuelta a Turquía, Europa se comprometía a acoger a quien sí hubiera pasado de manera legal. Eso sí, el acuerdo establece una cantidad tan ínfima de personas refugiadas que se pueden acoger que es irrisoria. Grosso modo, este sería el resumen de tan oscuro acuerdo. La figura de refugiado y refugiada se ha convertido en mercancía, en un objeto, en una oferta, como las latas de conservas que compramos en el supermercado. Extradite dos, llévese uno legalmente. Una personas se juega su vida, intenta huir de una guerra que le acecha —guerra, por cierto, provocada por causas ajenas—, busca un futuro apacible para sí y su familia y se le extradita.

La Europa sin fronteras tiene fronteras: al sur, nos encontramos con las concertinas españolas, desgarradoras de derechos y de personas que intentan pasar a nuestra soñada tierra en pos de un futuro mejor. Más al norte nos encontramos los centros de inmigrantes franceses en Calais y al gobierno británico pidiendo más control policial para evitar la inmigración. Y ahora los campos de refugio en Grecia, en Turquía u otros países, con unas condiciones de salubridad ínfimas, casi inexistentes, sitios a donde van a parar todas las personas refugiadas sin posibilidad de salir de allí. Europa defiende los derechos humanos, sí, pero solo de quienes nacen dentro de sus fronteras, quienes son de fuera, que lo intenten.

A estas alturas quien está leyendo este artículo habrá percibido la mezcla de términos como refugiado/a e inmigrante, ante esto debo hacer una aclaración: no, no es lo mismo, pero como personas, ¿no deben ser tratadas igual? Y en esta materia, Europa sufre una grave carencia. Pese a que inmigrante, en términos generales, sea quien cambia de país en busca de trabajo; y el refugiado/a, quien escapa de su país huyendo de la guerra; ¿no tienen los mismos derechos? Por esta sencilla razón mezclo estos términos, porque los derechos son universales.

¿Y qué hacemos en Europa, la ciudadanía europea, despojada de nuestra propia nacionalidad en pos de una nacionalidad europea común, donde se pretende que la nacionalidad sueca sea como la italiana, la británica como la lituana? Indignarnos. Pero un poco, tampoco mucho. Escribimos tweets, publicaciones y comentarios de Facebook, incluso artículos de opinión. Pero no tomamos las calles, no protestamos, apenas nuestro estupor dura un día entero. Y mientras, la Europa de los 28 no representa a nadie. La ciudadanía de la Europa de los 28 no se siente representada por nadie. ¿Y esas personas refugiadas? ¿Quién velará por ellas si no es la propia ciudadanía, cada uno de nosotros y nosotras? Las instituciones europeas —¿o debería decir europeizantes?— no se preocupan, solo les suponen un estorbo. Y la ciudadanía permanece inmersa en una burbuja en la que la realidad del día a día no es la guerra, solo recordamos esa lejana guerra, provocada por nuestras organizaciones, cuando nos afecta directamente. Cuando hay un acto tan brutal y terrible como un ataque terrorista en una capital conocida, o a la llegada del cuerpo inerte de un niño a nuestras costas, sólo entonces recordamos esa lejana guerra, aquellas lejanas personas que, día a día, sufren esos actos terribles y brutales.

¿Dónde quedó esa Europa que nos enseñaron en los años de nuestra infancia, cuando nuestras mentes moldeables la abrazaron como si un adalid de la seguridad y la paz fuese? Yo se lo diré, enterrada junto a todos los derechos que ella misma se dedicó a enterrar. Europa es una muerta en vida que, poco a poco, sigue echándose palazos de tierra encima, hasta llegar a cubrirse por completo. Esta Europa, al igual que en la mitología griega, también fue raptada, pero no por Zeus, sino por las grandes instituciones monetarias, cuyo único regalo fue la insensibilidad ante la condición humana. Por cierto, ¿recordáis el nombre del niño?

Gonzalo de la Orden

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One thought on “The abduction of Europa / El rapto de Europa

  1. Estoy muy de acuerdo con todo lo que nos has hecho recordar con tus palabras, en mi opinión, todos los países tenemos algo de responsabilidad en lo que ocurre a nuestro alrededor, no solo hace daño el que ataca, sino el que lo permite es tan culpable como el agresor. Todos tendríamos que luchar para que esto cambie, pero si seguimos esperando a que otros vayan a la manifestación por ti, nunca lograremos reparar las vidas de tantos inocentes que han tenido la mala suerte de nacer en un país en guerra.

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