El corazón palpita a mil por hora, las manos sudan. Pides por un instante retroceder en el tiempo, volver a aquella época que creías que no podía ser mejor. Decisiones, más decisiones. Miras hacia atrás, están ahí, no se han movido ¡Qué alivio! Eso te da ánimo para echarle valor.

Vaya, has movido ficha pero la jugada se vuelve en tu contra. La estrategia no ha salido como esperabas, pero te giras y siguen estando ahí. Vuelves a respirar, aún con decepción pero recuperas parte de la seguridad y confianza que perdiste tras el fracaso. Estos pequeños pasos que te hacen retroceder te van recargando y fortaleciendo, nunca debilitando.

¿Otra vez? De nuevo otro momento de tensión en esto que parece ser una montaña rusa sin fin. Un solo vagón, dos posibles caminos. De nuevo más dudas, nuevas posibilidades en el horizonte cargadas de interrogantes, pero vacías de respuestas que aún están por escribir. Respuestas que se van creando desde el mismo instante en el que la decisión toma las riendas de tu rumbo. Y esa incómoda sensación de no posar los pies sobre tierra segura. Pero aún sientes que están ahí.

Vaya, has vuelto a mover ficha y la jugada ha sido a tu favor. La estrategia resultó como esperabas, y te vuelves a girar. Emoción, felicidad y orgullo sustituyen a la incertidumbre. Y sí, siguen estando ahí, una vez más.

El juego de la vida. Y la amistad.

Cuando empiezas a formarte como participante en esto que llaman vida, te das cuenta de que nadie se encargó de escribir un listado de reglas y trucos, pero sí que existen una serie de requisitos imprescindibles que te facilitan el camino, que te acompañan y que comparten contigo todos aquellos momentos en los que una piedra te jugó una mala pasada, y esos otros en los que había algo que celebrar. En las buenas y en las malas dicen.

Aquellas personas a las que los años las han convertido expertas, nos dan lecciones sobre lo importante y valioso que es tener amigos y amigas, y serlo. Apoyar, cuidar y querer, para que te apoyen, cuiden y quieran. Porque lo bonito de la amistad es eso, jugar a la par. Y así, poco a poco, vamos perdiendo amistades y ganando familia. Hasta que llegue el día en el que hayamos movido todas las fichas importantes, y no haga falta girarse, porque sabrás de sobra que están ahí.

Rebeca

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