En España hay gente muy diversa, y eso que venimos de un país más o menos pequeño comparado con el resto de Europa. A pesar del chiste fácil y de los tópicos que se suelen acuñar a nuestra procedencia, lo cierto es que no hay taaaantas cosas que todos y todas (o casi) tengamos en común. Veamos: personalmente, soy fan de la siesta, pero conozco a mucha gente que no la practica porque a) después se levanta más cansada (o “atontailla”) de lo que estaba, b) no puede dormir bien (o “del tirón”) por la noche. ¿Qué viene ahora? La comida. Ni a todo el mundo le gusta la paella y el jamón, ni todo el mundo sabe cocinar en condiciones. Ni si quiera compartimos el mismo idioma materno.

Pero sí, señoras y señores, hay una cosa que nos une más que tener pueblo, más que la selección de fútbol, más que pedir Europe’s Living a Celebration en un bar.

Son Los Simpsons.

La hora de la comida no es lo mismo sin esos dos capítulos de pura sabiduría y diversión, donde un capítulo antiguo siempre irá acompañado de un melancólico suspiro y un “éste es de los viejos” y uno hecho hace tres años sigue siendo “de los nuevos”. La generación Millennial ha crecido con ellos, nuestros padres y madres se han escandalizado con Rasca y Pica y se han reído a partes iguales de los dobles significados que nosotros y nosotras ni atisbábamos, y para los abuelos y abuelas, siempre serán “Los amarillos”.  Independientemente del número de personas adeptas o detractoras,  el alcance de esta serie animada es significativamente mayor que el de otros espacios de la parrilla televisiva de nuestro país.

Para muchos de nosotros y nosotras, ver Los Simpsons fue nuestra primera aproximación a la sociedad y cultura de Estados Unidos. Algunas personas se estarán echando las manos a la cabeza ahora mismo, pero lo digo totalmente en serio. ¿Cuándo fue la primera vez que viste un autobús escolar amarillo o un supermercado gigante al estilo estadounidense en la tele? Piénsalo. Por supuesto, después vendrían otros productos audiovisuales del otro lado del charco, pero si tenemos en cuenta que en España Los Simpsons se estrenaron en 1990, lo más probable es que (si eres millennial) hayas pasado toda o casi toda tu infancia absorbiendo del universo de Matt Groening.

Realmente, todo este rollo que os estoy contando es solo una introducción al tema clave de este pseudo artículo/ensayo simpsoniano, el cual se puede resumir fácilmente en una frase que mi  gran amiga Esther solía decir mucho allá por nuestros años de instituto:

“Todas las situaciones de esta vida se puede relacionar con un capítulo de los Simpsons”.

Puede ser que Esther no estuviera diciendo nada nuevo, pero sí que le puso palabras a ese fenómeno social que llevaba flotando por nuestra vida cotidiana mucho antes de que nos diéramos cuenta. Los Simpsons, al haber estado constantemente presentes durante nuestra formación cognitiva, habían moldeado nuestra visión del mundo de tal manera, que cada vivencia, por pequeña o aleatoria que fuese, tenía su elemento referencial de los Simpsons. Y no solo eso, sino que era algo que traspasaba las fronteras de nuestro círculo de amistades y de nuestra ciudad del extrarradio de Madrid y se extendía por norte y sur y llegaba a cualquier lugar dónde en algún momento hubo una televisión encendida a las dos de la tarde.  Sabíamos que, en algún momento, algo iba a pasar e inevitablemente, alguien iba a decir que era igual que en el capítulo de los Simpsons en el que… [inserte ejemplo aquí].

Hoy en día, sigo teniendo la misma opinión. Soy Homer cuando veo comida por la tele, soy Milhouse cuando pierdo las gafas, soy Krusty el payaso cuando fracaso estrepitosamente, soy el abuelo Abe cuando cuento mis batallitas del Erasmus. A veces, soy Barney un sábado de madrugada hablando con dos chicas que son Paty y Selma, que tienen que salir de la discoteca cada dos por tres para poder fumar. Otras veces, me enfadan las injusticias como a Lisa o me resigno como Marge. Haga lo que haga, siempre podré sentirme identificada con alguno de los personajes.

Soy Marina Mcclure y quizás me recuerden por otros posts que he publicado por aquí.

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2 thoughts on “Es como ese capítulo de Los Simpsons

  1. Estoy bastante de acuerdo con este post, llevo viendo los Simpsons desde pequeño y creo es el primer contacto con la cultura americana que he tenido, y la frase “Todas las situaciones de esta vida se puede relacionar con un capítulo de los Simpsons”
    me parece correcta, por que me ha ocurrido mas de una vez.

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  2. Estoy bastante de acuerdo con este post, llevo viendo los Simpsons desde pequeño y creo que es el primer contacto con la cultura americana que he tenido, y la frase “Todas las situaciones de esta vida se puede relacionar con un capítulo de los Simpsons”
    me parece correcta, porque me ha ocurrido mas de una vez.

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