¡Qué suerte tenemos las personas de poder desahogarnos a través de algo más que de las palabras! Somos afortunados y afortunadas por poseer el don de crear, de expresar e incluso de sensibilizar. La música nos emociona, tiene la generosidad de regalarnos un billete imaginario que nos transporta a cualquier lugar con solo cerrar los ojos. La pintura transmite, absorbe, hipnotiza. Bailamos con dulzura, con pasión, con ganas. ¡Y qué libre nos hace sentir! Todo el mundo debería adoptar una manera de hacer arte, ¿verdad?

Pero hoy, me gustaría centrarme en una de ellas. Una que vive del instante, que precisa de cercanía, que se alimenta y se encuentra mano a mano con las emociones más puras del ser humano, la fotografía. Vivimos en una época en la que probablemente, si nos dieran estadísticas sobre la cantidad de imágenes que disparamos durante un segundo en todo el planeta, la cifra nos haría caer de bruces.

Gracias a mi carrera universitaria, tuve la oportunidad y el placer de conocer a personas que sentían este arte de primera mano, a fotógrafos y fotógrafas profesionales que dedican su vida a capturar momentos que deben ser vistos en todo el mundo. Personas que han vivido guerras, desastres sociales, dolor y pena, pero también lucha, reivindicación y ganas de vivir y de libertad por encima de todo. La fotografía social nos hace despertar, asomarnos por una ventana que a veces nos negamos a abrir.

Estas imágenes cambian el mundo, y permanecen ahí para recordarnos nuestra historia, nuestros fantasmas del pasado. Estos y estas profesionales se convierten en los ojos de la sociedad, en testigos directos de la realidad más pura, y la convierten en arte. Porque a pesar de todo, y al igual que otras disciplinas como la literatura, la música o la danza, nos atrapa su estética, su belleza, su sinceridad para transmitir emoción y sentimiento. He vivido de primera mano la sensibilidad y las lágrimas de fotógrafos y fotógrafas que aún se emocionan al recordar estos momentos.

Todos y todas deberíamos encontrar una forma de hacer arte. Desahogarnos contándole nuestras preocupaciones a las cuerdas de una guitarra, mostrar nuestras inquietudes en un lienzo, reivindicarnos a través de las palabras en el papel, buscar la belleza a través del objetivo de una cámara. Pero, sobretodo, al igual que hacen estos fotógrafos y fotógrafas, deberíamos aprender a utilizar este don para cambiar, para decir basta y expresar nuestras ganas de un mundo mejor.

Rebeca.

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2 thoughts on “ReivindicArte

  1. Muy buena conclusión, hay que descubrirnos a nosotros mismos y desarollar nuestras especialidades para dar nuestra opinión y hacer de este mundo, un mundo mejor

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    1. Así es María, el arte es una buena forma de expresar nuestras ganas de cambiar el mundo, y a la vez, de descubrirnos a nosotros mismos. Nos alegramos mucho de que te haya gustado.
      Un saludo

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