Para hablar del 8 de marzo y del Día Internacional de la Mujer podríamos empezar hablando de Lisístrata, que empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra o de la Revolución Francesa, en la que las mujeres de París participaron de manera activa.

En los ‘’Cahiers de doleances’’ (Cuadernos de quejas), ya aparecen las primeras denuncias sobre la situación en que se encontraban las mujeres del tercer estado francés.

Las reivindicaciones trataban tanto la vida cotidiana (marginación, abusos, violencia, vestuario) como la actividad política (captura del rey, comités de mujeres, derechos políticos). Sin embargo la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano olvida a las mujeres que marcharon hacia Versalles para exigir la mejora de sus condiciones y la igualdad.

Probablemente, una de las mujeres que mejor encarne el nuevo ideal de compromiso con la condición femenina es Olimpia de Gouges, burguesa decepcionada con el matrimonio que decidirá cambiar su vida, permanecer soltera y dedicarse al teatro y al mundo de la farándula parisina.

Podemos decir, a ciencia cierta, que fue una prerrevolucionaria, ya que llegará a cuestionar incluso el derecho natural a la esclavitud de los negros. Decepcionada con la marginación  de la mujer, redactará en 1791 la Declaración de la Mujer y la Ciudadana.

A finales del siglo XVIII, tras la Revolución Francesa, el patriarcado vuelve a codificarse. El principio de igualdad ante la ley no incluye a las mujeres y estas siguen sin tener derechos políticos, ni siquiera al sufragio, ni tampoco civiles.

Para hacernos una idea, basta con leer esta lista:

– Derecho a la propiedad: Limitado.

– Derecho al trabajo cualificado: Prohibido

– Derecho a la Educación superior: Prohibido

– Derechos sobre los hijos e hijas: Limitados

– Comprensión legal ante la violencia de género (“asesinato en caliente”).

– Derecho de representación y libertad de movimientos: limitados.

– Internamiento psiquiátrico con consentimiento del esposo y firma del médico.

Se buscan criterios “científicos”, como en el caso del determinismo y la superioridad racial, para que sustituyan a los religiosos, “antinatural”, para acomodar legalmente la subordinación, social y doméstica, y la inferioridad legal.

La idea de un Día Internacional de la Mujer surgió a finales del siglo XIX, en el mundo industrializado, un período de expansión y turbulencia, crecimiento demográfico, nuevas ideologías y movimientos sociales.

A partir de la mitad del siglo XIX entraremos de lleno en los años de mayor actividad del sufragismo femenino británico y norteamericano. Desde las mujeres y hombres de Seneca Falls (1848) hasta las suffragetes y fundación de la Unión Social y Politica de las Mujeres en 1903 por Enmmeline Pankhurst.

Esta asociación británica pondrá en práctica métodos de acción no convencionales:

 – Alterar el orden público para dar relevancia al movimiento, colarse en mítines, tirar tomates y huevos, romper escaparates.

– Reclamar el estatus de presas políticas, huelgas de hambre.

Pero lo más importante que conseguirán las mujeres de Pankhurst será llevar el movimiento sufragista a la clase obrera, consiguiendo una conexión a través de la cual se pudiera expresar la doble marginación femenina.

En 1857 asistimos a una época en la que cada vez más mujeres se incorporaban a la producción, especialmente en la rama textil, donde eran mayoría absoluta. Sin embargo, las precarias condiciones laborales provocaron que un grupo de obreras de una fábrica textil neoyorquina salieran a la calle. Era el 8 de marzo y las manifestantes fueron reprimidas a base de cargas policiales.

El 5 de marzo de 1908, Nueva York fue escenario de nuevo de una huelga polémica para aquellos años. Un grupo de mujeres reclamaba la igualdad salarial, la disminución de la jornada laboral a 10 horas e incluso la baja por maternidad. Durante esa huelga, perecieron más de un centenar de mujeres quemadas en una fábrica de Sirtwoot Cotton, en un incendio que se atribuyó al dueño de la fábrica como respuesta a la huelga.

En 1909 de acuerdo con una declaración del Partido Socialista de los EEUU, el 28 de Febrero se celebró en todos los estados el primer Día Nacional de la Mujer. Un año más tarde, la Internacional Socialista, en Copenhage, gracias a la propuesta de Clara Zetkin, proclamó el Día de la Mujer, como una jornada reivindicativa del sufragio universal femenino, homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y para recordar a aquellas mujeres que llevaron a cabo las primeras acciones de protesta organizada contra la explotación del sistema capitalista.

En 1975, Año Internacional de la Mujer, la ONU celebró el Día Internacional de la Mujer por primera vez, el 8 de marzo. Y en 1995, la Declaración y la Plataforma de Beijing, hoja de ruta histórica firmada por 189 gobiernos hace 20 años, estableció la agenda para la materialización de los derechos de las mujeres.

Sin embargo, a día de hoy, todavía queda mucho camino por recorrer. La realidad latente de la sociedad en la que vivimos, no es otra si no una en que las mujeres siguen sufriendo una discriminación tanto salarial como de índole de género.

Occidente, que siempre se ha considerado a sí mismo como el baluarte de la libertad y los derechos sociales, pionero en tantas iniciativas de corte igualitaristas, no puede permanecer impasivo ante una realidad aplastante. Basta con mirar cualquier periódico de tirada nacional en cualquier país para encontrarse, sin pasar muchas páginas, con alguna noticia relacionada con la violencia de género o, en definitiva, con la desigualdad entre hombres y mujeres.

La ONU y la UE, al igual que los gobiernos nacionales, que desde hace tiempo, observan desde las alturas de sus cámaras de representantes a la ciudadanía que representan, siguen estando alejados del día a día y de los verdaderos problemas a los que una mujer tiene que seguir enfrentándose en cualquiera país de la geografía mundial.

Por eso, sigue siendo necesario, que en días como el 8 de marzo, se salga a la calle para recordar a todas estas pioneras, que pagaron un alto precio por defender sus derechos, y dejar claro que no las olvidamos.

Por eso es más necesario que nunca hacer hincapié en que es momento de recordar.

Un verbo que, a veces, cuesta poner en práctica y que necesitamos si queremos hacer frente a quienes desde la trinchera del conservadurismo intentan que olvidemos.

Por todas ellas, y las que vendrán, salid a la calle el 8 de marzo.

[Foto: Marina Ginestá en la terraza del edificio de Telefónica de Barcelona durante la Guerra Civil Española.]


Algo va mal

Un padre se lanza con su bebé por la ventana del cuarto piso del hospital de La Paz

TVE, 3 de febrero de 2017

Cuántas madres más

tienen que perder

a sus hijas

– Saltó por la ventana con su hija de un año

 tras discutir con su mujer – 

cuántas niñas tienen

que

quedarse huérfanas

– te voy a dar donde más te duele;

dijo el padre  –

cuántas mujeres

tienen que morir

a punta de cuchillo

por los valores occidentales,

cuántos números de teléfono

hace falta marcar

escondida en una habitación,

cuántas cumbres internacionales

se necesitan

para darnos cuenta

de que

algo va mal.

Juan Domingo Aguilar.

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